El nuevo satélite busca complementar las redes terrestres y ampliar la conectividad en localidades rurales y dispersas.
La Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones prevé contratar hacia finales de 2026 un nuevo satélite geoestacionario de telecomunicaciones para lanzarlo durante el primer trimestre de 2030, como sustituto del Bicentenario y desde una estrategia que busca ampliar la conectividad en comunidades rurales y dispersas de México. El anuncio fue presentado por el Gobierno federal en septiembre de 2026 y forma parte del Programa Espacial Mexicano 2026-2030 y del Plan Nacional de Conectividad 2026-2030.
Para las empresas y los directivos, el proyecto no representa únicamente una renovación tecnológica. También implica una decisión de continuidad para comunicaciones críticas, una apuesta por la infraestructura pública y un intento por atender zonas donde el costo de construir fibra óptica o redes móviles puede ser demasiado alto frente al número de usuarios.
En breve
- La ATDT prevé contratar el nuevo sistema satelital hacia finales de 2026 y ponerlo en órbita en el primer trimestre de 2030.
- La capacidad anunciada supera los 250 Gbps, frente a alrededor de 6 Gbps disponibles actualmente para algunos usos gubernamentales asociados con el Bicentenario.
- El programa federal identifica 10,320 localidades y aproximadamente 820,922 personas potencialmente beneficiarias de soluciones satelitales.
El relevo del Bicentenario responde a una necesidad operativa
El sistema MEXSAT está integrado actualmente por los satélites Bicentenario y Morelos 3. El primero está destinado principalmente a comunicaciones fijas, mientras que el segundo presta servicios de comunicaciones móviles. El Programa Espacial Mexicano señala que ambos fueron diseñados con una vida útil planificada de 15 años.
El Bicentenario fue lanzado en diciembre de 2012, por lo que la planeación de su reemplazo para la segunda mitad de esta década busca evitar que el Estado llegue al final de su vida operativa sin una plataforma de continuidad lista. Morelos 3, lanzado en octubre de 2015, también se aproxima al horizonte de vida originalmente previsto, aunque su función y calendario de sustitución son distintos.
La relevancia empresarial está en la continuidad. Un retraso en el nuevo satélite no significaría solamente posponer una promesa de cobertura rural: podría obligar al Gobierno a extender operaciones, contratar capacidad externa o priorizar determinados servicios públicos y de seguridad. El Programa Espacial Mexicano presenta la infraestructura satelital como un componente de soberanía tecnológica, seguridad nacional y prestación de servicios críticos.
Más de 250 Gbps: un salto que exige demanda y red terrestre
La Presidencia informó que el nuevo satélite tendría una capacidad superior a 250 gigabits por segundo. Esa cifra representaría un salto considerable frente a los aproximadamente 6 Gbps que, de acuerdo con la información presentada por la ATDT, se utilizan actualmente para determinados servicios gubernamentales vinculados con la plataforma que será sustituida.
La diferencia no debe interpretarse como una ampliación automática del número de hogares conectados. La capacidad orbital necesita estaciones terrenas, antenas, energía eléctrica, enlaces de transporte, equipos de usuario, operación técnica y un modelo para subsidiar o financiar el servicio en localidades de bajos ingresos. Sin esos componentes, una mayor capacidad en el espacio puede permanecer subutilizada.
El salto tecnológico sí abre posibilidades adicionales. El Gobierno plantea que la nueva plataforma permita transmitir voz, datos, imágenes y video para instituciones de seguridad nacional, además de apoyar servicios de internet satelital en territorios donde las redes terrestres son difíciles de desplegar. Para sectores como logística, agricultura, protección civil, minería, transporte y servicios financieros rurales, una red satelital de mayor capacidad podría funcionar como respaldo o como enlace principal en puntos aislados.
El calendario es posible, pero deja poco margen para errores
Entre una contratación prevista para finales de 2026 y un lanzamiento durante el primer trimestre de 2030 habría poco más de tres años. Como análisis de viabilidad, ese plazo puede ser compatible con un satélite geoestacionario si el Gobierno llega a la contratación con los requerimientos técnicos, la posición orbital, el esquema financiero y la arquitectura de servicios definidos.
El margen se reduce si el proceso comienza con especificaciones abiertas o si la contratación se prolonga por impugnaciones, ajustes presupuestarios o cambios en la carga útil. La fabricación, las pruebas ambientales, la integración con el segmento terrestre y la campaña de lanzamiento deben coordinarse con proveedores internacionales y con calendarios que no dependen completamente de México.
El Programa Espacial Mexicano establece que el proyecto comprende estudios, diseño de requerimientos de la carga útil, contratación, lanzamiento y operación. Esa secuencia sugiere que la decisión crítica para 2026 no será solamente elegir un fabricante, sino definir qué servicios se comprarán, qué parte de la operación quedará bajo control público y cómo se medirá el beneficio social.
La brecha digital ya tiene un mapa de atención satelital
El Plan Nacional de Conectividad 2026-2030 plantea elevar la cobertura poblacional de alrededor de 94% a 98% para 2030 y llevar infraestructura a 91,041 localidades. El mismo plan reconoce que la conectividad debe combinar fibra óptica, redes móviles, operadores pequeños, infraestructura pública y soluciones satelitales.
El Programa de Conectividad en Sitios Públicos y en Áreas de Atención Prioritaria 2026 ofrece una referencia más concreta para dimensionar el reto. Identifica 10,320 localidades que podrían ser atendidas mediante cobertura satelital, con una población aproximada de 820,922 personas. Se trata de localidades de menos de 500 habitantes y ubicadas a más de ocho kilómetros de infraestructura de telecomunicaciones existente, una combinación que vuelve menos eficiente el despliegue de redes terrestres.
El diagnóstico concentra una parte importante de la población potencialmente beneficiaria en Chihuahua, Durango, Guerrero, Michoacán, Chiapas, Jalisco, Oaxaca, Sinaloa y Veracruz, aunque la necesidad aparece en entidades de todo el país. Para los operadores y proveedores, esto apunta a un mercado distribuido, con costos logísticos relevantes y modelos de operación distintos a los de las ciudades.
El programa también prevé que la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones pueda establecer obligaciones de cobertura social para que concesionarios utilicen la Capacidad Satelital Reserva del Estado o servicios satelitales comerciales. En términos de política pública, esto conecta el nuevo satélite con un esquema más amplio: la plataforma estatal no necesariamente tendría que operar sola, sino integrarse con obligaciones regulatorias, puntos WiFi y servicios de terceros.
La contratación definirá el impacto económico
El modelo de adquisición será determinante para saber si el satélite funciona como infraestructura estratégica o como un activo aislado. La licitación debe aclarar, entre otros puntos, quién será responsable del diseño, la fabricación, el lanzamiento, los seguros, el segmento terrestre, la operación y el mantenimiento.
También será relevante conocer si el Gobierno comprará el satélite completo, contratará capacidad por varios años o recurrirá a un esquema combinado. Cada alternativa distribuye de manera distinta los riesgos de calendario, desempeño, tipo de cambio y obsolescencia tecnológica. Para las empresas mexicanas, el Programa Espacial Mexicano abre una oportunidad en componentes, cargas útiles, estaciones terrenas, software, integración y servicios de operación, aunque el documento reconoce que la participación privada nacional todavía es limitada.
La capacidad anunciada debe acompañarse de indicadores verificables: localidades conectadas, disponibilidad del servicio, velocidad efectiva, costo para usuarios, escuelas y clínicas atendidas, tráfico cursado y continuidad durante emergencias. Medir únicamente el lanzamiento o la capacidad nominal no permitiría saber si el proyecto cerró la brecha digital.
Una pieza dentro de una red, no una solución aislada
El satélite puede resolver el problema del último tramo en zonas de baja densidad, pero no sustituye la expansión de la fibra óptica ni de las redes móviles. El propio Plan Nacional de Conectividad plantea soluciones diferenciadas según la geografía y la situación socioeconómica de cada región.
La estrategia tendrá más posibilidades de éxito si el satélite se utiliza como complemento: para conectar escuelas, clínicas y oficinas públicas; habilitar puntos comunitarios; ofrecer respaldo a redes críticas; y extender servicios a localidades donde la demanda todavía no justifica una infraestructura terrestre permanente.
El Gobierno tiene así una ventana de poco más de tres años para pasar del anuncio a un sistema operativo. El satélite mexicano de telecomunicaciones 2030 puede fortalecer la seguridad, la productividad regional y la inclusión digital, pero su resultado dependerá menos de la capacidad que aparezca en la ficha técnica que de la disciplina de contratación, la coordinación regulatoria y la operación diaria en las comunidades que hoy siguen fuera de las redes.
Fuentes consultadas
- Diario Oficial de la Federación, Programa Espacial Mexicano 2026-2030, publicado el 4 de junio de 2026.
- Diario Oficial de la Federación, Plan Nacional de Conectividad 2026-2030, publicado el 20 de abril de 2026.
- Diario Oficial de la Federación, Programa de Conectividad en Sitios Públicos y en Áreas de Atención Prioritaria 2026.
- Presidencia de México, versión estenográfica de la conferencia del 24 de septiembre de 2026.
- Mexican Times, información sobre el calendario de contratación, la capacidad anunciada y el reemplazo del Bicentenario.



