Los precios internacionales del petróleo registraron una caída superior a 3 dólares por barril en una sola jornada, alcan zando sus niveles más bajos desde el inicio del conflicto armado entre Estados Unidos e Irán, según reportó La Jornada. El derrumbe en las cotizaciones ocurrió después de que la Casa Blanca restableció el tráfico de buques cisterna a través del estrecho de Ormuz y anunció la imposición de una cuota por tránsito, lo que permitió que el flujo de crudo desde Medio Oriente se reanudara con relativa normalidad.
El estrecho de Ormuz es uno de los puntos estratégicos más críticos del comercio mundial de energía: por él transita aproximadamente el 20% del petróleo que se comercia en el mundo. Durante semanas, la tensión bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán había generado incertidumbre sobre la seguridad de ese paso, empujando los precios del crudo a niveles históricamente altos, que llegaron a rozar los 120 dólares por barril en su punto máximo.
Con la reapertura del estrecho y la normalización del tráfico, el precio del crudo de referencia Brent retrocedió significativamente, mientras que el WTI también cedió terreno. A finales de junio, el WTI había alcanzado precios superiores a 69 dólares y el Brent se ubicaba por debajo de 74 dólares, según reportes de France 24. Los envíos físicos de crudo se comercializan ahora con descuento en los mercados internacionales, ante el rápido aumento en la oferta proveniente del Medio Oriente.
Para México, la volatilidad en los precios del petróleo tiene implicaciones directas sobre las finanzas públicas. Pemex, que ya enfrentaba retos operativos incluyendo una reciente falla en la planta de generación eléctrica de la Refinería Olmeca en Tabasco, depende en buena medida de los ingresos por exportaciones de crudo para financiar sus operaciones y transferir recursos a la Secretaría de Hacienda. Cuando los precios bajan abruptamente, el margen fiscal se estrecha y el gobierno debe recurrir a fondos de estabilización o ajustar el presupuesto.
El presupuesto federal de 2026 fue calculado con un precio de referencia del petróleo mexicano de mezcla. Si los precios se mantienen por debajo de ese nivel de referencia durante un periodo prolongado, el gobierno enfrenta un déficit en los ingresos petroleros que puede presionar el gasto social, la inversión en infraestructura o el servicio de la deuda pública. Por ello, el comportamiento del mercado energético global es monitoreado de cerca por la Secretaría de Hacienda y el Banco de México.
Desde la perspectiva del consumidor y de las empresas, la caída en el precio del petróleo debería traducirse eventualmente en una reducción en los precios de la gasolina y del gas. Sin embargo, en México ese mecanismo de transmisión no siempre es automático, dado que el gobierno fija los precios de los combustibles con base en una política fiscal que incluye subsidios e impuestos especiales. El presidente Trump también ordenó una investigación para determinar por qué los precios de la gasolina en Estados Unidos no han bajado al mismo ritmo que los precios internacionales del crudo, lo que refleja una problemática similar en ambos países.
Para México Ejecutivo, la normalización del estrecho de Ormuz ofrece alivio en el corto plazo para los mercados de energía, pero también pone de manifiesto la fragilidad que enfrentan las economías dependientes de los hidrocarburos ante conflictos geopolíticos. La diversificación energética y la transición hacia fuentes renovables cobran mayor urgencia en un entorno donde un solo punto geográfico puede alterar los mercados globales de combustibles con consecuencias de gran alcance para los presupuestos nacionales y los bolsillos de los ciudadanos.