El nearshoring en México no se detuvo en 2026; se reconfiguró. A pesar de las tensiones comerciales derivadas de la revisión del T-MEC y las políticas proteccionistas de la administración estadounidense, el país mantiene una ventana de oportunidad estimada en 79 mil millones de dólares, de acuerdo con diversos estudios especializados en relocalización de cadenas de suministro. La clave está en entender cómo está evolucionando este fenómeno y cuáles son los sectores y regiones que más se benefician de él.
El nearshoring, que en esencia consiste en la reubicación de operaciones productivas o de servicios hacia países geográficamente próximos al mercado de consumo final, cobró un auge sin precedentes en México a partir de la pandemia de COVID-19 y la ruptura de las cadenas de suministro globales. La dependencia que Estados Unidos había desarrollado respecto a proveedores asiáticos, especialmente chinos, se reveló como una vulnerabilidad estratégica, lo que aceleró la búsqueda de socios más cercanos y confiables. México, con su frontera compartida con Estados Unidos, su red de tratados comerciales y su base de mano de obra manufacturera, emergió como el candidato natural.
En 2026, el proceso de nearshoring en México entró en una fase de maduración. Los primeros proyectos que llegaron al país entre 2022 y 2024 han comenzado a operar, generando datos reales sobre productividad, eficiencia logística y rentabilidad. Los resultados son, en general, positivos: las empresas que se instalaron en México reportan menores tiempos de entrega a sus clientes estadounidenses, mayor flexibilidad en sus cadenas de producción y un costo total de operación competitivo respecto a las alternativas asiáticas.
Los sectores que lideran el nearshoring en México son la manufactura electrónica, la industria automotriz de nueva generación, los dispositivos médicos, la manufactura aeroespacial y el sector textil de valor agregado. Empresas de origen taiwanense, coreano, europeo y estadounidense han establecido o ampliado operaciones en corredores industriales de estados como Nuevo León, Guanajuato, Coahuila, Chihuahua, Baja California y Jalisco. El dinamismo de estos mercados inmobiliarios industriales ha impulsado la construcción de millones de metros cuadrados de naves industriales, con tasas de vacancia históricamente bajas.
Sin embargo, el nearshoring en México también enfrenta cuellos de botella que limitan su potencial. La disponibilidad de energía eléctrica confiable y a precios competitivos sigue siendo el desafío más crítico. Varias empresas que anunciaron proyectos de gran escala han enfrentado demoras en la conexión a la red eléctrica o han tenido que invertir en generación propia mediante energías renovables para garantizar su suministro. El agua es otro factor limitante, especialmente en el norte del país, donde la escasez hídrica ya ha generado alertas en industrias intensivas en consumo de agua.
El talento también es un reto. Si bien México cuenta con una población joven y numerosas instituciones de educación superior técnica y tecnológica, la demanda de ingenieros, técnicos especializados y operadores calificados ha superado a la oferta disponible en varias regiones del país. Esto ha generado presiones salariales y rotación laboral que las empresas han tenido que gestionar con programas de capacitación interna y alianzas con universidades locales.
La revisión del T-MEC añade una capa de incertidumbre al proceso. Las empresas que están evaluando invertir en México para producir para el mercado estadounidense necesitan saber que el acceso arancelario preferencial que ofrece el tratado se mantendrá en el mediano plazo. El esquema de revisiones anuales acordado el 1 de julio no cierra la puerta a este acceso, pero introduce una variable de incertidumbre que algunos inversionistas citan como motivo de cautela.
No obstante, los expertos en comercio exterior coinciden en que el nearshoring en México no es una moda pasajera sino una tendencia estructural de largo plazo. La proxi. midad geográfica a Estados Unidos, la zona horaria compartida con gran parte del territorio norteamericano, los costos laborales competitivos y la experiencia acumulada en manufactura de exportación son ventajas que ningún otro país de la región puede replicar con la misma facilidad. México tiene una oportunidad histórica que no se repite, y aprovecharla plenamente requerirá resolver de forma urgente los cuellos de botella en energía, agua, infraestructura y talento.
El gobierno federal, consciente de esta oportunidad, ha incluido el nearshoring como una prioridad estratégica dentro del Plan México. Las inversiones en infraestructura de conectividad, los parques industriales público-privados y los programas de formación de capital humano son parte de la respuesta gubernamental. La pregunta es si estos esfuerzos serán suficientes y, sobre todo, si llegarán a tiempo para aprovechar la ventana de oportunidad antes de que otros países, como Vietnam, India o Polonia, consoliden su posición como destinos alternativos de nearshoring para las empresas que buscan diversificar sus riesgos.