La inflación general anual en México se ubicó en 3.37% durante junio de 2026, su nivel más bajo desde diciembre de 2020, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). El resultado consolida una tendencia descendente que acumula tres meses consecutivos de moderación y abre espacio para nuevas reducciones en la tasa de interés objetivo del Banco de México en los próximos meses.
A tasa mensual, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un descenso de 0.27%, la mayor caída para un mes de junio desde que existen registros históricos disponibles y el mayor retroceso mensual desde 2020. El nivel del INPC se ubicó en 145.131, lo que refleja la significativa desaceleración de los precios en un contexto de mayor estabilidad macroeconómica y tipo de cambio relativamente controlado.
El principal motor del descenso fue el componente no subyacente, impulsado por una fuerte caída en los precios de frutas y verduras, que bajaron 8.99% mensual. Este tipo de movimientos está asociado a factores estacionales y climáticos que afectan la oferta agropecuaria, lo que implica que parte de la baja podría ser transitoria. Sin embargo, el comportamiento de la inflación subyacente también muestra una trayectoria favorable, al ubicarse en 4.03% anual desde el 4.19% de mayo, acumulando así cinco reducciones consecutivas y alcanzando su nivel más bajo desde abril de 2025.
El índice subyacente excluye los bienes y servicios con alta volatilidad o cuyos precios son fijados administrativamente, como los energéticos y algunas tarifas públicas. Al interior de este componente, las mercancías registraron un alza de 0.18% mensual, mientras que los servicios avanzaron 0.30%. Estas cifras sugieren que la presión de precios en la economía doméstica sigue siendo moderada y compatible con un proceso de desinflación sostenido.
Por su parte, el índice no subyacente se ubicó en 1.11% anual, su nivel más bajo desde octubre de 2023, gracias a la combinación de los precios agropecuarios a la baja y una relativa estabilidad en los energéticos y tarifas gubernamentales, que crecieron apenas 0.08% mensual. Este desempeño contrasta con episodios previos en los que los choques de oferta alimentaria habían contribuido a mantener la inflación general en niveles elevados durante periodos prolongados.
El dato de junio generó reacciones inmediatas entre los analistas financieros, quienes ajustaron a la baja sus proyecciones para el cierre del año. El Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas (IMEF) redujo su estimación de inflación para 2026 a 4.2%, desde 4.3% previo. Valmex mantiene una expectativa de entre 4.0% y 4.15% al cierre del año, mientras que Banamex conserva su proyección de 4.3% tanto para la inflación general como para la subyacente. El consenso del mercado apunta a que la tasa de cierre se ubicará por debajo del 4.5%, lo que representaría el mejor resultado inflacionario para México en varios años.
En cuanto a las implicaciones para la política monetaria, la trayectoria favorable de la inflación refuerza el escenario de continuación del ciclo de recortes por parte del Banco de México. La institución ha reducido la tasa de interés objetivo de forma gradual desde los máximos históricos del ciclo restrictivo, y los mercados financieros descuentan al menos un recorte adicional antes de que finalice el año. Una inflación bajo control y convergente hacia la meta del 3% fija las condiciones para que el Banxico pueda actuar sin comprometer su credibilidad.
Para las familias mexicanas, la desaceleración de precios significa una recuperación gradual del poder adquisitivo real, particularmente en un año en que los salarios han registrado incrementos nominales por encima de la inflación. La combinación de menor inflación y salarios reales al alza constituye uno de los pilares del consumo privado, que ha sido motor del crecimiento económico interno en los últimos trimestres. Hacia adelante, el reto será sostener esta dinámica favorable sin que la eventual recuperación de la demanda genere nuevas presiones inflacionarias que obliguen al banco central a frenar su ciclo de relajamiento monetario.