El fenómeno del nearshoring ha transformado de manera acelerada el mapa industrial de México. Grandes empresas trasnacionales como Tesla, Foxconn y General Motors han apostado por el país como destino estratégico para relocalizar parte de sus operaciones de manufactura, aprovechando la vecindad con el mercado estadounidense, los costos competitivos de la mano de obra y las ventajas comerciales del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Este proceso ha detonado una demanda histórica de naves industriales y está redibujando el tejido productivo nacional.
El nearshoring, entendido como la relocalizóación de operaciones de manufactura hacia países geográficamente cercanos al mercado final, ganó relevancia global a partir de las disrupciones en las cadenas de suministro durante la pandemia de COVID-19 y, posteriormente, con las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. En ese contexto, México emergió como uno de los principales beneficiarios, dado que combina proximidad geográfica, acceso preferencial al mercado norteamericano y disponibilidad de fuerza de trabajo calificada en sectores como automotriz, electrónica y aeroespacial.
Tesla es quizás el caso más emblemático. La compañía liderada por Elon Musk anunció la construcción de una gigafábrica en Nuevo León, en el estado de Monterrey, que representaría una de las inversiones manufactureras más grandes en la historia de México. Aunque el proyecto enfrenta desafíos relacionados con el suministro de agua y energía en la región, la decisión de Tesla de elegir a México como sede de su segunda gigafábrica en América del Norte es un indicador del nivel de confianza del sector manufacturero global en el país.
Foxconn, el gigante taiwanes proveedor de Apple, también ha expandido su presencia en México, consolidando operaciones de ensamble de productos electrónicos en el norte del país. La empresa considera a México un hub estratégico para atender la demanda del mercado norteamericano sin depender de las largas rutas de suministro desde Asia. General Motors, por su parte, ha incrementado su capacidad productiva en sus plantas en Silao, Guanajuato, y San Luis Potosí, en respuesta a la mayor demanda de vehículos y para cumplir con las reglas de origen establecidas en el T-MEC, que exigen un alto porcentaje de contenido regional en los vehículos ensamblados en la zona.
El impacto de estas inversiones en el mercado inmobiliario industrial ha sido notable. La demanda de naves industriales en parques y corredores logísticos ha alcanzado niveles sin precedente en estados como Nuevo León, Coahuila, Guanajuato, Jalisco y Queretaro. La tasa de disponibilidad de espacios industriales se ha reducido significativamente en estas zonas, lo que ha impulsado al alza los precios de renta y generado un ciclo de construcción acelerada para satisfacer la demanda. Firmas como Newmark estiman que el nearshoring ha detonado una revolución industrial que está redibujando el mapa económico del país.
Sin embargo, el nearshoring en México también enfrenta desafíos estructurales importantes que, de no resolverse, podrían limitar el potencial de este fenómeno. Entre los principales retos se encuentran la disponibilidad de infraestructura energética confiable y de bajo costo, el acceso al agua en regiones con alta presión sobre este recurso, la conectividad logística mediante carreteras, ferrocarriles y puertos, y la disponibilidad de trabajadores especializados en áreas técnicas y de ingeniería.
El entorno de seguridad pública es otro factor crítico. Varias regiones del país que presentan ventajas para la manufactura también registran niveles elevados de inseguridad, lo que incrementa los costos operativos de las empresas y genera incertidumbre sobre la protección de sus activos e instalaciones. Los inversionistas extranjeros suelen incorporar análisis de riesgo de seguridad en sus decisiones de localización, por lo que este factor puede inclinar la balanza hacia otros países competidores como Vietnam, India o incluso países de América Central.
En este contexto, el gobierno federal de Claudia Sheinbaum ha impulsado el Plan México, un ambicioso programa de estímulos fiscales orientado a atraer inversión en sectores de alto valor agregado. La iniciativa contempla deducciones sobre inversiones en maquinaria, equipo y activos fijos que van desde el 35% hasta el 90%, con los mayores incentivos dirigidos a empresas tecnológicas. El programa busca captar hasta 277,000 millones de dólares en nuevas inversiones a lo largo de seis años, con un horizonte que se extiende hasta 2030.
Los analistas del sector coinciden en que México se encuentra en un momento crítico para consolidar su posición como destino manufacturero preferente. Las condiciones estructurales son favorables: un acuerdo comercial sólido con la mayor economía del mundo, fuerza laboral joven y calificada, y una ubicación geográfica sin parangón. No obstante, aprovechar plenamente esta ventana de oportunidad requerirá de inversiones públicas significativas en infraestructura, así como de reformas que mejoren el estado de derecho, la certeza jurídica y el acceso a energía a precios competitivos.
En suma, el nearshoring representa quizás la mayor oportunidad de desarrollo industrial que México ha tenido en décadas. La confluencia de empresas globales de primer nivel con la vocación manufacturera del país genera una combinación poderosa que, si se gestiona adecuadamente, puede transformar la estructura productiva nacional, elevar la productividad, generar empleos bien remunerados y acelerar el crecimiento económico de manera sostenida en los próximos años.