La moneda mexicana cerró este martes en 17.62 pesos por dólar, en una sesión marcada por el fortalecimiento generalizado del billete verde en los mercados internacionales, que alcanzó un máximo de 13 meses frente a una canasta de divisas de referencia. La depreción del peso se produce en un entorno de creciente aversioón al riesgo global, impulsada por las tensiones en Medio Oriente y la incertidumbre sobre el ritmo de los recortes de tasa de la Reserva Federal estadounidense.
El tipo de cambio se ubicó ligeramente por encima del nivel de 17.5 pesos por dólar que había caracterizado las sesiones de las semanas previas, lo que revela cierta presión sobre la moneda nacional pero sin llegar a niveles de alarma para los mercados. A lo largo del primer semestre de 2026, el peso había mantenido una relativa estabilidad, beneficiado por el diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos y por los flujos de remesas que se han mantenido en niveles históricamente altos.
El fortalecimiento del dólar a nivel global tiene su origen en múltiples factores simultáneos. En primer lugar, los datos de inflación publicados en Estados Unidos mostraron una moderación menor a la esperada por el mercado en algunas mediciones, lo que reduce la probabilidad de recortes agresivos de tasa por parte de la Reserva Federal. En segundo lugar, el conflicto en Medio Oriente ha reavivado la demanda de activos refugio, entre los cuales el dólar sigue siendo el principal beneficiario en momentos de incertidumbre geopoíltica.
Para las empresas mexicanas con operaciones en dólares, la depreciación del peso tiene efectos diferenciados. Los exportadores, que generan ingresos en divisa estadounidense y tienen costos principalmente en pesos, ven mejorar su competitividad y sus márgenes de operación cuando el tipo de cambio se mueve en esta dirección. En el sector manufacturero de exportación, que en México incluye a la industria automotriz, electrónica y aeroespacial, un dólar más caro en términos de pesos representa ingresos adicionales en términos reales.
En sentido contrario, las empresas importadoras y aquellas que tienen deuda denominada en dólares enfrentan un escenario más desafiante. El encarecimiento de las importaciones de materias primas, bienes intermedios y maquinaria puede trasladarse a los precios finales al consumidor, generando presiones inflacionarias adicionales que el Banco de México tendrá que monitorear con atención. Las empresas del sector de comercio minorista que dependen de importaciones de mercancías de consumo se encuentran particularmente expuestas a este efecto.
El Banco de México ha subrayado en sus comunicaciones recientes que el tipo de cambio es flexible y que su nivel lo determinan las fuerzas del mercado. La institución no tiene como objetivo una paridad específica, aunque interviene en el mercado cambiario en situaciones de disfuncionalidad severa. Con un diferencial de tasas todavía amplio frente a la Reserva Federal, México sigue siendo atractivo para los flujos de capital de corto plazo, lo que actúa como amortiguador ante episodios de volatilidad cambiaria.
Las perspectivas para el peso en el mediano plazo dependen de varios factores. La resolución de las tensiones en Medio Oriente, el ritmo de los recortes de la Fed, el desempeño de las exportaciones mexicanas y la evolución de los flujos de inversión directa vinculados al nearshoring serán determinantes clave del comportamiento cambiario en el segundo semestre de 2026. Los analistas del mercado cambiario manejan un rango de operación del peso entre 17.20 y 17.80 pesos por dólar para las próximas semanas, en ausencia de choques externos de magnitud significativa.