México se encamina a cerrar 2026 con un nuevo máximo histórico en exportaciones, proyectado en 730,000 millones de dólares, de acuerdo con estimaciones del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce). El dato representaría una nueva marca para el comercio exterior del país, superando el récord de 664,837 millones de dólares alcanzado en 2025.
Según Sergio Contreras Pérez, presidente del Comce, las exportaciones mexicanas mostraron un crecimiento de entre 22 y 23 por ciento durante los primeros cuatro meses de 2026, un ritmo que, de sostenerse, colocaría al país en una posición de fortaleza exportadora sin precedentes en su historia reciente.
Un dato que subraya la relevancia de este desempeño es que el 92 por ciento de las ventas mexicanas al exterior corresponde a productos manufacturados, lo cual refleja el nivel de integración industrial que el país ha desarrollado con los mercados internacionales, particularmente con Estados Unidos y Canadá dentro del marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Sin embargo, este desempeño récord ocurre en un contexto de incertidumbre comercial. Estados Unidos decidió no extender por el momento la revisión formal del T-MEC, lo que el sector privado mexicano ha interpretado como un escenario de “certidumbre realista”: el acuerdo permanece vigente, pero persisten interrogantes sobre su evolución futura que podrían afectar decisiones de inversión de mediano y largo plazo.
De cara a la revisión formal programada para el 20 de julio, México buscará que Estados Unidos elimine los aranceles vigentes sobre sectores estratégicos como acero, aluminio y la industria automotriz, medidas que han generado fricciones comerciales en los últimos meses y que representan un obstáculo directo para la competitividad de estas industrias.
El comportamiento reciente del comercio exterior mexicano muestra un panorama mixto entre distintos sectores. Durante el primer mes de 2026, las exportaciones manufactureras alcanzaron 43,508 millones de dólares, un avance de 9.4 por ciento a tasa anual, impulsado por incrementos notables en maquinaria y equipo especial (65.8 por ciento) y productos de la minerometalurgia (29.9 por ciento).
No obstante, el sector automotriz mostró una caída anual de 9 por ciento, resultado de una disminución de 16.7 por ciento en las ventas dirigidas a Estados Unidos, parcialmente compensada por un incremento de 35.9 por ciento en las exportaciones canalizadas hacia otros mercados, lo que sugiere un proceso de diversificación comercial entre las empresas del sector.
Para los directivos de empresas manufactureras, este entorno plantea la necesidad de diversificar mercados de destino y fortalecer cadenas de suministro regionales, ante la persistente incertidumbre en la relación comercial con Estados Unidos, el principal socio comercial de México.
En paralelo, el fenómeno del nearshoring, que había sido uno de los principales motores de atracción de inversión extranjera en los últimos años, ha mostrado señales mixtas durante 2026. De acuerdo con datos citados por analistas del sector, los anuncios de nuevas inversiones por relocalización caían 78 por ciento durante el primer trimestre del año en comparación con el mismo periodo de 2025, aunque en contraste se triplicaron las inauguraciones de proyectos que ya se encontraban en proceso de construcción.
Esta aparente contradicción —menos anuncios de nueva inversión pero más proyectos culminados— sugiere que las empresas están privilegiando la finalización de compromisos de inversión ya asumidos, mientras adoptan una postura más cautelosa frente a nuevos anuncios hasta que se despeje la incertidumbre regulatoria y arancelaria derivada de la revisión del T-MEC.
Las regiones del Bajío y el norte del país continúan siendo los principales beneficiarios de esta dinámica, gracias a su infraestructura industrial consolidada, experiencia exportadora y capacidad logística. Un ejemplo relevante es la inversión de mil millones de dólares anunciada por Volvo Group para una planta en Ciénega de Flores, Nuevo León, que refuerza la posición del norte del país como polo de atracción para la industria automotriz y de manufactura pesada.
Para las áreas de planeación estratégica corporativa, el mensaje central de este momento es doble: por un lado, México mantiene una posición de fortaleza exportadora histórica que abre oportunidades comerciales significativas; por otro, la falta de certeza regulatoria en torno al T-MEC exige mayor cautela en la planeación de inversiones de capital de largo plazo, especialmente en sectores altamente expuestos a política arancelaria como el automotriz, el acero y el aluminio.
De cara al resto de 2026, el sector privado coincide en que la resolución de la revisión del T-MEC será el factor determinante para definir si México logra consolidar su posición como principal destino de la relocalización industrial de Norteamérica, o si la incertidumbre comercial continúa frenando nuevos compromisos de inversión en los próximos trimestres.